lunes, 7 de agosto de 2017

Poemas japoneses a la muerte

Una noche corta
me despierta de un sueño
que parecía largo.
(Yayu)

El último deseo humano:
asir
el aire.
(Kita Takekiyo)

Has cumplido con tu deber
hasta hoy;
viejo espantapájaros.
(Raishi)

Todas las doctrinas, rotas:
Las enseñanzas del zen, desechadas;
Ochenta y un años.
El cielo se resquebraja y desploma
La tierra se abre:
En el corazón del fuego
Se esconde la primavera.
(Giun)

Dentro de poco
seré un fantasma,
pero ahora
¡cómo muerde mi carne
el viento de otoño!
(Fuse Yajiro)

Mi corazón
es un río sin fondo,
un torrente airado.
¿cómo puedo arrojar mi nombre
a la tentación del agua?
(Yayoi)

Desecho el pincel.
De aquí en adelante le hablaré a la luna
cara a cara.
(Koha)

La verdad nunca se obtiene
De nadie
Uno la lleva siempre
Consigo.
¡Katsu!
(Tetto Giko)

Vine al mundo con las manos vacías,
descalzo lo dejo.
Venir, partir:
Dos sencillos sucesos
que se entrelazaron.
(Kozan Ichikyo)

La noche en que comprendí
que éste es un mundo de rocío,
me desperté del sueño.
(Retsuzan)

Hoy, pues, es el día
en que el muñeco de nieve que se derrite
es un hombre.
(Fusen)






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