martes, 8 de agosto de 2017

Notas en un Diario- Ricardo Piglia

Jueves
Curiosamente nadie parece haber reparado en que no fue T. W. Adorno el primero en establecer una relación entre el futuro de la literatura y los campos de exterminio nazis. En 1948, Brecht, en sus “Conversaciones con los jóvenes intelectuales”, ya había planteado el problema. “Los acontecimientos en Auschwitz, en el ghetto de Varsovia y en Buchenwald no admiten indudablemente descripción alguna en forma literaria. En efecto, la literatura no está preparada para semejantes acontecimientos, no ha desarrollado medio alguno para ellos.” Luego Adorno se refirió al mismo asunto en su ensayo de 1955 La crítica de la cultura y la sociedad, donde escribe con su habitual tono admonitorio: “La crítica cultural se encuentra frente al último escalón de la dialéctica entre cultura y barbarie: después de lo que pasó en el campo de Auschwitz es un hecho de barbarie escribir un poema, y este hecho corroe incluso el conocimiento que señala por qué se ha hecho hoy imposible escribir poesía”. Brecht no acepta por supuesto esa condena de la poesía, solo se refiere a las dificultades técnicas que plantean las relaciones entre historia y literatura. Unos años antes, en su Diario de trabajo, el 16 de setiembre de 1940, había escrito: “Sería increíblemente difícil expresar el estado de ánimo con que sigo la batalla de Inglaterra en la radio y con que luego me pongo a escribir Puntila. Este fenómeno demuestra por qué no se detiene la producción literaria, a pesar de guerras como ésta. Puntila casi no significa nada para mí, la guerra lo significa todo; sobre Puntila puedo escribir casi cualquier cosa, sobre la guerra nada. Y no quiero decir que no deba escribir, sino que realmente no puedo. Es interesante observar cómo la literatura, en tanto práctica, está alejada de los centros en los que se desarrollan los acontecimientos de los cuales depende todo”. La tesis de Adorno encontró rápida difusión entre los críticos culturales siempre dispuestos a aceptar la metafísica del silencio y los límites del lenguaje. Brecht en cambio, con astucia y sin ilusiones, siguiendo la experiencia de los perseguidos y de los malvivientes, nunca se preguntó si era lícito lo que estaba haciendo, solo le interesaba saber si era posible. “Un detective privado”, “Notas en un Diario” 1. 15-I-2011.

 Martes
 Trabajo en el prólogo a una edición de los últimos relatos de Tolstói. Los escribía en secreto, escondido de sí mismo, y son, desde luego, excelentes, mucho mejores que los cuentos de Chéjov. Luego de la conversión que lo ha llevado a abandonar la literatura, Tolstói decide dedicar su vida a los campesinos, convertirse en otro, ser más puro y más sencillo. Renuncia a sus propiedades, quiere vivir del trabajo manual. Resuelve aprender a hacer zapatos, porque un par de botas bien hechas son, según dice, más útiles que Anna Karenina. El zapatero del pueblo le enseña –con temor ante las incomprensibles excentricidades del conde– su viejo oficio. Tolstói anotó en su diario: “Escribir no es difícil, lo difícil es no escribir”. Esa frase tendría que ser la consigna de la literatura contemporánea. “El consejo de Tolstói”, “Notas en un Diario” 3. 12-III-2011.

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