Queremos ser necesarios en
nuestra singularidad, y no podemos serlo sino por
proyectos singulares. Dependemos de la libertad de
otro: el otro puede olvidarnos, menospreciarnos y
utilizar finés que no son los nuestros. Éste es uno
de los sentidos de ese "Proceso" descrita por Kafka,
al que ningún veredicto da por terminado nunca.
Vivimos en estado de aplazamiento indefinido. Ése
es también el sentido de las palabras de Blanchot,
en Aminadab: lo esencial es no perder, pero no se
gana jamás.
Es en la" incertidumbre y en el riesgo
como debemos asumir nuestros actos, y ésa es precisamente
la esencia de la libertad. Ella no se decide
en vista de un bien que estaría acordado de antemano;
no firma ningún pacto con el porvenir. Si pudiese
ser definida por el término hacia el que se dirige,
no sería ya libertad. Pero un fin no es jamás un término,
permanece abierto al infinito: no es fin sino
porque la libertad se detiene, definiendo mi ser singular
en el seno del infinito informe. Lo que me
concierne es sólo alcanzar mi fin, el resto no depende ya de mí. Lo que otro fundará a partir de mí,
le pertenecerá y no me pertenecerá. .No actúo sino
asumiendo los riesgos de ese porvenir; éstos son el
reverso de mi finitud y yo soy libre asumiendo mi
finitud.
Así el hombre puede actuar, tiene que actuar:
solo es trascendiéndose. Actúa en el riesgo, en el
fracaso. Debe asumir el riesgo: lanzándose hacia el
porvenir incierto, funda con certidumbre su presente.
Pero el fracaso no puede asumirse.
http://biblioteca.salamandra.edu.co/libros/Beauvoir,%20Simon%20de%20-%20Para%20que%20la%20accion.pdf
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