domingo, 13 de agosto de 2017

Queremos ser necesarios en nuestra singularidad, y no podemos serlo sino por proyectos singulares. Dependemos de la libertad de otro: el otro puede olvidarnos, menospreciarnos y utilizar finés que no son los nuestros. Éste es uno de los sentidos de ese "Proceso" descrita por Kafka, al que ningún veredicto da por terminado nunca. Vivimos en estado de aplazamiento indefinido. Ése es también el sentido de las palabras de Blanchot, en Aminadab: lo esencial es no perder, pero no se gana jamás.
Es en la" incertidumbre y en el riesgo como debemos asumir nuestros actos, y ésa es precisamente la esencia de la libertad. Ella no se decide en vista de un bien que estaría acordado de antemano; no firma ningún pacto con el porvenir. Si pudiese ser definida por el término hacia el que se dirige, no sería ya libertad. Pero un fin no es jamás un término, permanece abierto al infinito: no es fin sino porque la libertad se detiene, definiendo mi ser singular en el seno del infinito informe. Lo que me concierne es sólo alcanzar mi fin, el resto no depende ya de mí. Lo que otro fundará a partir de mí, le pertenecerá y no me pertenecerá. .No actúo sino asumiendo los riesgos de ese porvenir; éstos son el reverso de mi finitud y yo soy libre asumiendo mi finitud.
Así el hombre puede actuar, tiene que actuar: solo es trascendiéndose. Actúa en el riesgo, en el fracaso. Debe asumir el riesgo: lanzándose hacia el porvenir incierto, funda con certidumbre su presente. Pero el fracaso no puede asumirse.
http://biblioteca.salamandra.edu.co/libros/Beauvoir,%20Simon%20de%20-%20Para%20que%20la%20accion.pdf

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