El asco, el miedo, en el momento en que el deseo nace de lo que da miedo,
y da náuseas, son la cumbre de la vida erótica: el miedo nos deja al
borde de desfallecer. Pero el signo del vacío (la basura) no sólo tiene el
poder de traer el desfallecimiento. Le hace falta, uniéndose a los colores
seductores, concertar su horror con ella a fin de mantenernos angustiados
en la alternativa del deseo y de la náusea. El sexo está unido a la basura:
es el orificio de ella; pero no es el objeto del deseo más que si la desnudez
del cuerpo maravilló.
Bataille, G., El culpable
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