martes, 15 de agosto de 2017

Lo sublime en la posmodernidad

 Lo sublime recuerda nuestra propia vulnerabilidad frente a mundo que nos envuelve e interpela.
http://www.raco.cat/index.php/Astrolabio/article/viewFile/197691/264890


Una filosofía de lo irrepresentable será, según Lyotard, aquel pensamiento que intente reescribir la modernidad a la luz de la anamnesis psicoanalítica, tomando como guía la experiencia estética de lo sublime.(7)

El sentimiento de lo sublime se imbrica en el análisis anamnetico, siguiendo a Kant, podemos decir que lo sublime es el resultado del trabajo de la imaginación, no del concepto. Explora las tensiones entre las ideas de la imaginación y sus vínculos con la realidad a partir de su representación. Esta experimentación nos conduce al terreno de lo irrepresentable, ya que lo sublime consiste en esa mezcla de placer y pena producida por la incapacidad de representar aquello que excede cualquier representación.

En este punto, la noción psicoanalítica de represión originaria se vincula con lo sublime kantiano, ambos tienen en común la incapacidad de su representación transparente. Tanto uno como el otro evocan la idea de la opacidad, de lo carente de forma, de lo que se halla más allá del lenguaje y el pensamiento. El sentimiento de lo sublime se ubica, como los objetos que intenta abordar la anamnesis, en el territorio de lo impresentable. Podríamos decir que lo sublime es a la represión primaria lo que lo bello es a la represión secundaria.

Aquí, es necesario detenerse en la diferencia radical que separa una estética de lo bello de una estética de lo sublime. Si entendemos al arte simplemente como una artefactualidad edificante, como una consolación gracias a las bellas formas, entonces estaremos pensando en una estética de lo bello. En cambio, si consideramos a la labor artística como la búsqueda de inconmensurabilidades, como la experimentación que intenta aludir a aquello que trasciende cualquier representación, presentación que intenta representar negativamente lo sublime sin conseguirlo nunca, como sucede asimismo con la translaboración psicoanalítica, entonces, en este caso, evocamos una estética de lo sublime.

Para Lyotard, la estética ha sido, a lo largo de su historia, una estética de lo bello; aun cuando ha intentado abordar lo sublime, lo ha hecho procurando lograr el placer y el consuelo mediante las bellas formas. En cambio, si pensamos en la experimentación emprendida por las vanguardias, encontramos un anhelo de infinito, una búsqueda constante por superar los límites de la representación, por trascender las reglas y ubicarse en el límite de lo visible, en un punto donde la visibilidad insinúa lo invisible.

"Lo posmoderno sería aquello que alega lo impresentable en lo moderno y en la presentación misma; aquello que se niega a la consolación de las formas bellas, al consenso de un gusto imposible; aquello que indaga por presentaciones nuevas, no para gozar de ellas sino para hacer sentir mejor que hay algo que es impresentable."(8)

De este modo, la filosofía posmoderna de Jean-François Lyotard se convierte en filosofía deudora de las vanguardias, deudora de lo que representa el corazón del modernismo artístico. En este sentido, la experimentación estética, como la translaboración psicoanalítica, brindan pistas al pensamiento filosófico contemporáneo. Nutriéndose de estos enfoques, la filosofía está en condiciones de reescribir la modernidad, de convertirse en un medio de explorar la opacidad heterogénea de lo micrológico. Su labor no apunta a consolidar un lenguaje universal sino a investigar el misterio del acontecimiento encerrado en cada nueva frase.

http://discursovisual.net/dvweb06/aportes/apofabian.htm

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