viernes, 22 de septiembre de 2017

Volvamos una vez más al proceso del sentido, pues, después de todo, esto es lo que interesa, fascina e inquieta en Arcimboldo. Las «unidades» de una lengua están ahí, sobre la tela; al contrario que en el caso de los fonemas del lenguaje articulado, tienen ya un sentido: son cosas denominables: frutas, flores, ramas, peces, gavillas, libros, niños, etcétera; estas unidades, combinadas, producen un sentido unitario; pero este segundo sentido, de hecho, se desdobla: por una parte, leo una cabeza humana (lectura suficiente, ya que puedo nombrar la forma que percibo, ponerla en contacto con el léxico de mi propia lengua, en el que existe la palabra «Cabeza»), pero, por otra parte, leo también al mismo tiempo otro sentido, que procede de una región diferente del léxico: «Verano»,«Invierno», «Otoño», «Primavera», «Cocinero», «Calvino», «Agua», «Fuego»; ahora bien, este sentido propiamente alegórico no es concebible sin la referencia al sentido de las primeras unidades: son los frutos los que hacen el Verano, los tocones de madera seca los que hacen el Invierno, los peces los que hacen el Agua. Así pues, tenemos tres sentidos en una misma imagen; los dos primeros son, por decirlo así, denotados, ya que para existir no implican más que el trabajo de mi percepción, en tanto que ésta se articula de inmediato sobre un léxico el sentido denotado de una palabra es el sentido dado por el diccionario, y el diccionario basta para permitirme leer, según el nivel a que se mueva mi percepción, sean peces o cabezas). Muy diferente es el tercer sentido, el sentido alegórico: para leer la cabeza del Verano o de Calvino, necesito otra cultura además de la del diccionario; necesito una cultura metonímica, que me haga asociar ciertos frutos y no otros) con el Verano, o, aún más sutilmente, el austero horror de un rostro con el puritanismo calvinista; y en el momento en que cambiamos el diccionario de las palabras por una tabla de los sentidos culturales, de las asociaciones de ideas, en resumen, por una enciclopedia de lugares comunes, entramos en el campo infinito de las connotaciones. Las connotaciones de Arcimboldo son simples, son estereotipos. Sin embargo, la connotación abre un proceso de sentido; a partir del sentido alegórico, son posibles otros sentidos, que ya no son culturales, sino que surgen de los movimientos de atracción o repulsión) del cuerpo. Más allá de la percepción y la significación léxica o cultural) se desarrolla todo un mundo de los valores: ante una cabeza compuesta de Arcimboldo, no sólo alcanzo a decir: leo, adivino, encuentro, comprendo sino también: me gusta, no me gusta. La desazón, el espanto, la risa y el deseo entran así en la fiesta.

Roland Barthes, "Archimboldo o El retórico y el mago". En Lo obvio y lo obtuso.

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