sábado, 5 de mayo de 2018

Mucha de la llamada "crítica" no es más que un tic irreflexivo, un producto de consumo seductor o una estrategia para ganar popularidad como profesor, artista, intelectual, entertainer o líder. Nada más. Basta ver los eslóganes publicitarios: tal consigna propone una rebelión, otra incita a la acción, esta despierta sueños utópicos, aquella ayuda a pensar diferente. Pero si a todos nos gusta la crítica y consumimos arte crítico, teoría crítica, programas de televisión crítico, humor crítico, ¿seguimos siendo personas críticas? ¿La crítica sólo es tal en la medida en que encuentre oposición o se trata de otra cosa? ¿Crítico es quien desafía un gusto mayoritario, una opinión general, o es otra su diferencia específica? ¿Cómo poder determinar qué es "crítica" sin que otra "crítica" critique finalmente esta definición o la necesidad misma de distinguir entre opinión y crítica, sólo para asegurarme -sospecho- de que no estoy cayendo en alguna trampita autoindulgente? Ay!

¿Acaso hay una tercera vía en esta paradoja? Al menos he hallado una que me persuade: el énfasis en el proceso de autodescentramiento dado por el enfoque de "habilidades". Crítica sería el procedimiento de movilizar hábitos mentales, percibir contradicciones, establecer relaciones de multicausalidad y evaluar soluciones para finalmente tomar una decisión. Porque ante todo eso es lo interesante, cómo se consigue descubrir una alternativa que implique una postura justificada, sin que las estrategias que la propiciaron se reduzcan a un mecanismo tranquilizador.

Adaptación de:
https://www.elespectador.com/opinion/paradojas-del-pensamiento-critico-columna-517577

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